Está loco. Muy loco. ¿Para qué
utilizar eufemismos? Habla solo. Lleva el pelo cortado de un modo inverosímil casi
siempre. Con la ropa pasa lo mismo. Se le ve limpio y aseado, pero en ocasiones lleva prendas superpuestas sin
ningún orden ni sentido. Va solo, siempre solo, aunque lo veo cómo intenta
entablar conversación con muchos. Pero pasan de él. No quieren saber nada.
¿Para qué? Está muy loco.
Aun es joven. Lo conozco
desde que éramos niños. Jugaba con él y su hermano en la plaza de la Seo en mi
pueblo, a la sombra de los plátanos, cerca de la Catedral, junto a un quiosco que jamás vi utilizar.
Eran de familia bien, de clase bastante acomodada. Lo recuerdo como un niño
normal, aunque yo trataba más con su hermano, Enrique.
Por eso se sorprende al
verme por el Albergue. Intenta disimular, me cuenta que está de paso, que va a
trabajar en tal o cual empresa. Me llama Luis, que es el nombre de mi hermano, con quien creo que me
confunde. A veces lleva una guitarra eléctrica dentro de su estuche. Y tal vez
eso diga mucho de lo qué le pasó. Se quedó trastornado de tantas rulas, de
tantas pastillas, tanto speed. Todos avanzaron en la vida, pasaron etapas. Él se
quedó enganchado y terminó, así, perturbado, como tantos otros, sin que nadie
quisiera saber de él. Ni sus padres, ahora fallecidos, ni su hermano, ni nadie
más de su familia. Tampoco sus amigos de correrías. Él se lo había buscado. Él
fue quien no supo acabar la fiesta de su juventud y seguir tomando de todo,
siempre al límite cada fin de semana, luego cada día. Hasta llegar a hoy. Y
ahora solo le queda su locura y ni siquiera lleva la guitarra ya.
Le ofrezco ayuda. No admite
nada de lo que le sucede. Se inventa que ha dormido en tal o cual sitio y que
va al banco a hacer unas gestiones. Le reitero que si algún día se encuentra
mal puede contar conmigo. Hay un sitio donde le pueden ayudar: El Encuentro.
Tratan el trastorno mental de personas de la calle. Pero no me atrevo a explicárselo
así. Sólo le digo que si en algún momento quiere apoyo yo le puedo decir dónde.
Es irónico, pero durante una
temporada, se le veía errático, hablando solo como siempre y borrracho,
bebiendo sangría de tetra brik muy cerca de ahí, de El Encuentro, a pocos metros del único sitio donde quizá le puedan salvar
la vida. Pero él no quiere. Y no creo que haya nadie que quiera molestarse por
él.
Qué complicado es todo, pero
que sencillo es de ver. Está loco, pero no le puedo ayudar. Bebe al lado del Centro donde le podrían encauzar su vida de
nuevo, pero no hay nadie que se esfuerce para que vaya allí. Habría que
ingresarlo. Tendría que verlo un médico y certificar que no es dueño de sí. Y
obligarle a que tomara algo. Pero eso no va a suceder. Al menos en Zaragoza.
Y yo me siento impotente. Y
me molesta que se sienta “descubierto”
cada vez que me encuentro con él en el Albergue
o por la calle. Porque no quiero que disimule su enfermedad, pero él
sigue haciéndolo. Transmitiéndome normalidad, como si estuviéramos en nuestro
pueblo, un sábado por la noche y nos encontráramos en la calle, tomando algo en
la zona de bares.
A algunos se les llena la
boca con aquello del Estado del Bienestar. Pero ahora, si no fuera por lo que
están sacrificando muchas familias, otro gallo nos cantaría. Ellas son las
encargadas de tapar todos los huecos que se van generando en estos tiempos tan
difíciles. Pero cuando, como en el caso de este chico, la familia no está, se
quedan como hombres de papel, a la
buena de Dios, como un juguete del viento.
Quizá hasta que no suceda
algo calificado como verdaderamente grave por el resto de nosotros, que
realmente cometa una locura, pero una locura que nos afecte a nosotros, nadie
haga nada. Entre tanto, seguirá solo, con su demencia, con su soledad. De albergue
en albergue, de ciudad en ciudad. Disimulando cuando se encuentre conmigo y
seguirá intentando hablar con todos y todos seguirán pasando de él, porque
fíjate lo loco que está.
Ya es bastante complicado definir " la locura". ¿Quién cuelga el cartel? ¿Otra persona bajo qué estado individual?. Mientras tanto, en nuestro sistema sanitario, (afortunados que lo tenemos) se hacinan enfermos cuyos problemas son absolutamente diferentes, simplemente unidos por la "no posibilidad de convivir con otros".
ResponderEliminarMe pierdo en esta valoración. No soy capaz de juzgar. Deseo que mañana, nos miremos unos a otros considerando, apreciando y potenciando nuestra diferencia. Porque se nos olvida que las circunstancias cambian.
Desearía para mí misma mañana, si me encuentro en situación así, que haya personas que me ofrezcan una sonrisa que conforte la soledad de la locura que ven otros.
Buenísima descripción, gráfica y amena. Pero claro, eso de que nadie hace nada es fácil de decir, pero la única que podría hacer algo es su familia, y no quieren. Que la Admón actúe de oficio? muy complicado...
ResponderEliminarA su edad, enganchado y sin reconocer su propio "problema", mala pinta tiene...
Muy bueno Rafa.
Fer